TEMPLUM · Antonio Morales y Gianella Libonatti
Templum
El término templum, en su origen latino, no designaba un edificio, sino un espacio delimitado. En la práctica augural romana, el templum era una porción del cielo o de la tierra trazada simbólicamente para observar e interpretar los signos. Antes que construcción, fue un acto: señalar un límite para hacer visible lo invisible.
A lo largo de la historia del arte, este gesto de delimitación ha encontrado distintas formas de manifestarse. En la pintura religiosa, desde los iconos bizantinos hasta las composiciones del Renacimiento, el espacio pictórico funciona como un recinto simbólico donde lo sagrado se hace presente. Obras como La Trinidad de Masaccio o La última cena de Leonardo da Vinci no solo representan escenas religiosas, sino que construyen arquitecturas visuales que ordenan la mirada y la conducen hacia una experiencia de contemplación.
Con la llegada de la modernidad, este principio no desaparece, sino que se transforma. En la fotografía, el encuadre se convierte en una forma contemporánea de templum: un recorte que selecciona y dota de intensidad a un fragmento de realidad. Fotógrafos como Alfred Stieglitz entendieron la imagen como un espacio de elevación de lo cotidiano, mientras que Minor White profundizó en la dimensión espiritual de la fotografía, concibiéndola como un medio para revelar estados interiores y experiencias invisibles. del espacio sagrado al encuadre contemporáneo TEMPLUM.
En este tránsito, lo sagrado deja de estar ligado exclusivamente a lo religioso para desplazarse hacia la experiencia de la mirada. La imagen ya no necesita representar lo divino para activarlo: basta con delimitar, con aislar, con proponer un espacio de atención.
La exposición TEMPLUM se sitúa en esta continuidad, proponiendo una reflexión sobre cómo este gesto originario sigue operando en la práctica contemporánea. A través de la obra de Antonio y Gianella, el concepto se desplaza hacia dos territorios fundamentales: el cuerpo y la ciudad. Dos formas de delimitar el mundo. Dos maneras de hacer visible aquello que, sin ese gesto, permanecería oculto.
Así, el templum deja de entenderse como un lugar fijo para convertirse en un proceso: una acción que, al trazar un límite, abre un espacio de significado.
Sobre los artistas
Antonio Morales y Gianella Libonatti conforman el colectivo Dos en Línea. Ambos utilizan la cámara como herramienta de expresión, pero diferente lenguaje estético.
Dos en Línea nace del encuentro entre dos miradas que entienden la fotografía no solo como un medio de representación, sino como un espacio de construcción sensible y pensamiento visual. El colectivo, formado por Antonio Morales y Gianella Libonatti, surge desde la necesidad de generar un territorio común donde la imagen pueda expandirse más allá de sus límites tradicionales, abriendo un diálogo constante entre intimidad, arquitectura, materia y percepción.
Lejos de plantear una práctica homogénea, Dos en Línea se construye precisamente desde la diferencia. Las obras de ambos artistas habitan lenguajes visuales distintos, aunque conectados por una misma voluntad: transformar la mirada cotidiana en experiencia poética. La fotografía aparece aquí como un puente entre lo visible y lo sugerido, entre lo documental y lo simbólico, entre el gesto intuitivo y la construcción consciente de la imagen.



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